La “intolerancia” de los homosexuales

 

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Tonatiuh Maximiliano

La “intolerancia de los homosexuales” -señalada así por el presidente de la CANACO en Puebla, Marco Antonio Prósperi -provocará el domingo una manifestación pública por parte de los grupos de laicos que responderán a la manifestación del sábado, esta sí, convocada por asociaciones satélites de la Iglesia Católica y de otro grupo de iglesias protestantes.

El episodio corresponde a un capítulo más en la relación Iglesia-Estado, o más bien, en esa lucha constante que desde hace por lo menos dos siglos ha existido en el país, respecto a los límites del dogma y la ley, y que siempre ha estado acompañada por “intolerancia”, tanto de un lado como del otro. La pertinencia de los matrimonios igualitarios es solamente el pretexto contemporáneo para esta fase de la lucha.

En el año 1934, apenas cinco después de terminada la Guerra Cristera, el gobierno de Lázaro Cárdenas modificó el artículo tercero constitucional y declaró que la educación en el país debía ser de carácter socialista, algo que provocó un nuevo movimiento armado que duró poco tiempo y que en aquel entonces fue conocido como “La Segunda”, es decir, la segunda “Cristiada”.

Dicho movimiento, que casi no pasó a los libros de historia, provocó el asesinato de varios maestros rurales a manos de fanáticos religiosos que estaban molestos por la inclusión de “tendencias socialistas” en los textos de las escuelas. Muchos de esos fanáticos eran campesinos sin educación, solamente influenciados por las voces de los obispos que se escandalizaron por el nuevo cariz que tomaba la educación laica.

Por eso los llamados recientes de los jerarcas católicos, secundados inéditamente por los líderes protestantes, no debe ser minimizado en un contexto de polarización como el que se vive en el país. Justamente el movimiento cristero de 1926-1929 apeló a “dolencias” que padecían en ese entonces muchas familias, como la pobreza y la delincuencia derivadas de la Revolución. No es nada nuevo que ahora, los líderes eclesiásticos apelen a la “pérdida de valores” reflejada en nuestra sociedad y afirmen que ello se debe a la degradación de la familia.

Bajo ese argumento se ha convencido a muchas familias de bien, que sin mayor conocimiento de la sexualidad humana, consideran como amenaza a la “decencia”, la “proliferación” de familias homoparentales, que no corresponden con el modelo tradicional. Estas personas no se han dado cuenta de que más allá de su reconocimiento o no en la legislación mexicana, las familias diversas no dejarán de existir y quienes son ellos, los “derechosos”, quienes deben respetarlas.

Otra cosa son las expresiones ultraconservadoras que también han encontrado cabida en el llamado del Frente Nacional por la Familia, las cuales han existido desde siempre, que se alimentan de ideas fundamentalistas o de extrema derecha -el fundamentalismo como dijo el papa, existe en todas las religiones y de manera muy importante en la católica -y que han sido alentados por obispos de la vieja cuña como Norberto Rivera y Hugo Valdemar.

Estos religiosos han permitido la proliferación de dichas expresiones de odio porque buscan con ello confundir a los feligreses y de plano sacar partido, quién quita y en una de esas recuperan un poco del poder que han ido perdiendo. La marcha del sábado será pues también, una forma de que las arquidiócesis del país muestren su músculo y es de esperar que la de Puebla, liderada por Víctor Sánchez entregue muy buenas cuentas a su  amigo Norberto.

Pero los religiosos arriesgan demasiado al permitir que el viento del fanatismo avive el fuego de estos radicales. Por eso es que los líderes del colectivo gay han hecho un llamado a homosexuales y simpatizantes de su causa, para que no acudan ni se acerquen a la manifestación que habrá el sábado por la tarde, con la que miles de personas -la Arquidiócesis primada calcula 300,000 -exigirán que se entierre definitivamente la iniciativa de reforma propuesta por Enrique Peña Nieto.

“Evitemos el confrontamiento”, dice en alguna de las imágenes que ya circulan por la red de redes, en donde también se llama a la manifestación de respuesta, convocada a toda prisa y de manera menos articulada por los colectivos de homosexuales y otros grupos de personas que defienden el estado laico. Será pues, este fin de semana, el escenario sobre el que se desarrollará una nueva escena en este conflicto añejo, que tiene principalmente su origen en las ideas, por lo que puede ser más peligroso.

Al igual que en la Cristiada, los combatientes de este choque no son tantos pero sí muy convencidos de sus dogmas, elemento que vuelve explosiva cualquier tipo de guerra, al grado de que en 1926, cuando se subestimó el alcance del movimiento que bajo el lema “¡Viva Cristo Rey!” irrumpió en algunos estados del bajío, nunca se consideró que ese movimiento podría influir para que un fanático muy hábil, llamado José de León Toral, asesinara en el restaurante La Bombilla al general Álvaro Obregón, presidente electo de México.

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