El despido de #Aristegui: el dinosaurio ha regresado

B_88zUCUMAAvVCM.png-large

La salida de la periodista Carmen Aristegui Flores -la comunicadora con más credibilidad entre el cada vez más desacreditado gremio periodístico -de la estación de radio MVS, representa el signo ominoso e inequívoco de la restauración del viejo régimen autoritario en el país.

Las señales se estuvieron dando desde el principio: cuando el presidente Peña logró someter a los partidos de oposición y ejerció todo el mando de autoridad sobre los gobernadores de los estados, el régimen se comportó como un gran negociador que se vendía a sí mismo como el salvador de México y el instaurador de las reformas que habrían de llevar al país al primer mundo.

Pero cuando la realidad le estalló en la cara y quedó evidenciado que México, lejos de ser un país en desarrollo es un país que arde; cuando se dio cuenta que lejos de controlar como creía, el gobierno tenía en sus manos a una nación cansada y a punto del desborde social, el dinosaurio comenzó a sacar las uñas.

La designación de funcionarios a modo, de ministros amigos del presidente y de miembros “ciudadanos” en todos los organismos autónomos vinculados claramente al PRI y al gobierno, fueron las pistas que este dinosaurio fue dejando a lo largo de estos dos años en los que a los ciudadanos nos vendían, a través de los medios electrónicos de siempre, una serie de reformas estructurales que habrían de llevarnos por el camino del progreso.

En el Instituto Nacional Electoral, en el IFAI, en el Instituto Federal de Telecomunicaciones y más recientemente en la Procuraduría General de la República y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se colocaron a personajes afines al PRI-gobierno, con la finalidad de garantizar el control en cada una de estas instituciones y la impunidad de Peña, para cuando el titular del poder ejecutivo deje el cargo.

La votación de Eduardo Medina Mora como nuevo ministro de la Suprema Corte fue el toque que en definitiva mostró el camino por el que se estaba enfilando el autoritarismo. Sin apenas darnos tiempo para digerir ese golpe, una plataforma que se vislumbra como una nueva técnica poderosa de alumbramiento sobre el poder gubernamental, fue la charola de plata que les brindó el pretexto para ejercer su venganza.

Porque aquí nadie debe suponer que la salida de Carmen es producto de un error personal por parte de la comunicadora, como yo mismo lo llegué a considerar en un principio. La salida de Carmen Aristegui de MVS es el resultado de un plan fraguado desde lo más alto del poder ejecutivo, en complicidad con la cadena radiofónica, para asestar un golpe a la libertad de expresión y callar a esa periodista que tanto daño les había causado, con investigaciones como la de la Casa Blanca.

Por eso la salida de Carmen Aristegui representa la restauración formal de ese poder político, impositivo, autoritario e intolerante, que puede comprar conciencias y decidir en los espacios noticiosos de mayor importancia. Lo que no pudo hacer el régimen panista -callar a Carmen Aristegui -lo está haciendo el PRI con su forma acostumbrada y con el viejo método que tanto les gusta porque les tiene comprobada la eficacia.

La salida de Carmen Aristegui significa que el PRI ya está de vuelta aquí, con sus viejos modos y con toda la intención de quedarse otros setenta años, si no es abiertamente, sí por lo menos a través de personajes “ciudadanos” o incluso de otros partidos, que sean considerados “amigos” porque son parte de la misma casta, porque sus formas son iguales a las del viejo régimen.

Es preocupante porque después de esto sólo resta la represión. Ya hubo un primer indicio con la operación policiaca ejecutada el 20 de noviembre pasado en el zócalo de la capital, cuando policías federales -y de la Ciudad de México -arremetieron a macanazos contra la población indiscriminadamente. Sin duda alguna el gobierno tenía indicios de en el pueblo se gestaba una rebelión popular y por eso apostó por cortar de raíz la yerba, apagando de una vez por todas cualquier chispa de rebelión, por medio de macanazos en vez de con un diálogo abierto, que escuchara las demandas de la ciudadanía.

Creí que el gobierno había dado marcha atrás al ver la serie de voces que se alzaron en aquel entonces en contra de los actos de brutalidad policiaca, no solo en los medios de comunicación alternativos sino también incluso, en la Cámara Alta. No fue así. El tigre solo se estaba agazapando para planear su lanzada final. El punto cumbre en el que habría de asestar la dentellada.

Después de esto solo nos queda reorganizarnos e iniciar un periodo de resistencia, resistencia pacífica a través de movimientos ciudadanos. A través de ejercicios como el de la semana pasada en el que intentamos por primera vez de manera formal, tener injerencia en una de las decisiones más importantes de la vida democrática de un país: la de la elección de uno de los ministros de la Corte.

Los ciudadanos debemos organizarnos y reorganizarnos, dejar a un lado nuestras diferencias naturales ya que en estos momentos las prioridades son otras. No importa si somos de derecha o de izquierda, porque en este movimiento lo único importante es la consolidación de un estado de derecho. La represión es lo que sigue y lo único que podrá evitarlo es la denuncia ciudadana a través de las redes sociales, ese espacio con el que no contaban las generaciones que nos antecedieron.

La salida de Carmen Aristegui puede ser asimismo un detonante, el botón de aceleración que nos conduzca hacia la transformación del régimen, porque este, como dijo Javier Corral, ya no lo sirve a nadie.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s